martes, 19 de julio de 2011

Vamos a exagerar que acá no paso nada


Vamos a exagerar que acá no paso nada:

Había decido a embriagarme para escribir un texto más o menos legible, dependiendo, obvio, del estado de su escritor al momento de empezar semejante epopeya (hace un tiempo que me invaden miles de ideas; pero la perezosa pluma, al momento de dignarse a escribir, solo atina a depositar actos amorosos fallidos o una mezcla rara entre un cuento de desazón y pampas húmedas).

Siempre que leo a uno de mis escritores pienso el estado que acobijo su alma para producir semejante obra, y pienso en un Rimbaud lleno de drogas psicodélicas, o un García Márquez ebrio en su escritorio. Luego me retracto, no creo que el señor Gabriel haya estado tanto tiempo en embriaguez como para producir su realismo mágico, más de cien años de ella si no leo mal.

Sonriente, le serví un té en la cama a mi abuela, que había decido misteriosamente retirarse a su alcoba y dejarme la cocina solamente para mi “uso “ personal. No porque intuyera lo que acaecería. Ya que ambos hemos terminado en estados bastantes embarazosos antes, es de imaginar la escena de ambos ebrios en el cubículo que es la cocina, que además de graciosa, seria repetitiva puesto que en navidad y para la semana pasada nos embriagamos, sin querer, juntos en la tarde, a la par.
-Cocina-
Prendí el grabador, agite la coctelera, y mientras Edith piaf inundaba mi  cocinar, un aperitivo de vino blanco con hojas de burro y cedrón, ingerí. 

Los platos, ya empezaban a escurrirse, al tiempo que uni and her hukulele al compás de Beirut marcaban el tiempo: abro la heladera, en (re)busca de ideas sobre lo que escribir, indagando en ese compartimiento cuadrado o, simplemente intentando hallar los limones.

Mientras exprima las imágenes se posaron en mi mente, un nuevo comienzo, el cuento que hace meses prometo escribir, una obra de teatro, el estruendo de miles de ideas neonatas que rodaban por sobre los descuajeringados limones, que cicatrizaban de la forma más dolorosas, esos fetos de ideas recién desprendidos.

En semejante accionar, hasta la mujer del libro (inmaculada Cristina Wargon) me parece lasciva, picara y hasta llamativa; a lo que pienso sonrojado, ojala que mi amada Ana María Shua no se entere. Caigo en la cuenta, esto es demasiado ya.

Volví, a paso regular, medido a preguntarle a la Abu, si quería algo más. Algo así como la bolsa de agua atine a oír, puse la pava, y mientras llenaba el susodicho trasto, el café con licor se coló por mi garganta.
Ahora me siento, entonado, a escribió, con una copa de whisky en mis mano y jugando con el hielo, mareado, escribo frenético, ideas, desenlaces, musas varias. El piso gira, me levanto y contemplo mi obra casi completa… 

Vomito sobre ella. Mala idea, esta, mala idea.


jueves, 30 de junio de 2011

Paulo de nombre raro


Paulo de nombre raro:

Paulo se despertó, camino medio dormido hasta su baño, pisando en su llevar peluches de las personas que vivían con él: el del nombre raro.

Destapose el dentífrico y colgado de un haz de luz quedo. Pequeño Paulo se descubre el pelo de la frente y regresa a buscar su ropa con cuidado de pisar los miles de muñecos que envuelven su cuarto.


martes, 14 de junio de 2011

Era facundo. Si, facundo y punto. Era facundo, “el” abogado y todos los “deber ser” encima y punto final.

Era facundo en su oficina del segundo piso en la calle de los abogados, con su maletín negro y su traje de camisa y corbata. Y, como lo dicta el sentido común, su silla giratoria, una que otra caja rellena de de documentos. La estantería que ostenta su conocimiento, plagada de libros que, con palabras de pronunciación difícil y significado relativo, le validan: Facundo abogado.

Facundo mira su escritorio; lámpara de luz tenue (verdosa como las de los juristas), acomoda un fajo de textos,  se acomoda el nudo de la anquilosada corbata, y cae en la cuenta, en la horrible cuenta.

En el lapicero poblado de lapiceras de escritorio formalísimo, en SU lapicero de orden y protocolo. Metrópolis de plumas negras, un, un ingenuo y solitario portaminas ROJO esperaba pasar desapercibido: desafiante.

martes, 31 de mayo de 2011

Mala interpretacion

La cosa empezó con mama diciendo: Saque turno al endocrinólogo.

Silencio, mi mente a mil y con una sonrisa, que intentaba ser franca dije vamos.

Miles de idas y vueltas.  Llegamos, como siempre un cuarto que no decía nada, la desolación pura, un PAUPÉRRIMO no lugar.

Entramos, charla protocolar, ¿te gustan los hombres?, ¿te sentís conforme con tu cuerpo? –SI señora y lo sé usar mooooy bien-, bueno voy a pedir que te retires, le dijo a mi progenitora: chequeo médico.

Todo bien, pensé yo, hasta el momento que percate que tenia “El Roñoso” calzoncillo que en mi vida usaré.  Esos que mas que cumplir una función la simulan, era un trapo (ojala pudiéramos ponerle ese nombre a semejante adefesio) con elástico en la cintura, todo lleno de flecos en las banda plástica a base de jugar con los hilitos que salían de ellas. Cuatros huecos, tres reglamentarios y uno que parece producto de una polilla lasciva en la parte delantera. ERGO, un mamarracho de porta pelotas.

Sin tapujos, me tumbe en la camilla, la doctora manoseó lo que quiso (tose me dijo), toco aquí y acullá, midió lo inmedible (tose mas fuerte, ¡DALE! CON UNA MANO EN MIS GÓNADAS QUERÉS QUE TOSA), palpó mientras mi  sonrojo no desaparecía. De pronto, deja mis partes, camina lento hacia su escritorio y saca de uno de sus compartimientos una cadena de bolas de acrílico pendientes de un cordel.

HAGAMOS UN ALTO: Para los pervertidos como yo, que sabemos mucho y hacemos poco, sabemos... SI SABEMOS que uso le darle a semejante artilugio, una a una podes metértelas/selos en ….

Palidecí del susto, que clase de loca sexual era esa doctora canalla que pretende usted de mi.
 

-¿Qué va a hacer con eso?- balbucee con los ojos idos en miedo. 

-Medir la masa testicular, solo para saber si se desarro… vos no estarás pensando que… Jajajajajjajajajajaj (la risa sigue como tres minutos mas, donde yo no sé dónde mirar y sonrió como alguien que le practicaron una lobotomía).

Final de juego: tenía razón yo, mama ahora busca otra explicación para culpar a alguien y tengo que volver para mostrar unos estudios a la doptora (mal escrito adrede), pero no se con que cara le dirigiere el saludo.
Bola Anal, Objeto Sexual o para "hacer masajes en el cuello"

Orquidometro de Prader: objeto NO sexual, necesariamente.

sábado, 21 de mayo de 2011

No hay lugar

No hay lugar:

  • para los boletos entre los anales.
  • para los cospeles en los colectivos.
  • para mi familia en el corazón.
  • para el parto en las veredas
  • para las veredas en las aceras.
  • las notas en mi garganta, compungida.
  • para un joven que busque un cambio.

jueves, 19 de mayo de 2011

Diana


Diana jugaba con figuras de barro.
Diana agachada en barro, lúcida estaba.
Poniéndoles nombre moldeaba la arcilla.
Con ahincó bautiza a cada juguete de fango.
Los acomoda, sonriente.
“A esta lo llamaremos papa, y a esta,
La del lado se llamara mama.”
Contenta de su creación, se yergue inmensa.
La inmensidad de su sombra cubra a sus progenitores.
Esas pequeñas figuras, ya nombradas y destinadas,
Ahora aplastadas por la inmensurable fuerza del pie de Diana.

viernes, 6 de mayo de 2011

Extraño sangrar

(A perri, que sabe)


Extraño sangrar, 

Pero extraño sangrar como antes, cuando dolía y ese dolor era insoportable.

Como cuando queres cruzar la calle y miras para los dos lados (mi vieja se encargo de APORREARME la cabeza para que ese único concepto quedara como un acto de compulsividad al hacerlo) y hay miles y miles de autos, que con sus luces te encandilan, tu miopía y la reputisima madre….. Ese dolor, no físico, sino de acá (tocándome la cabeza, el corazón, la nuca).

 Y dolía y ese dolor era insoportable; era tan fuerte que hacia que fluyéramos en mares de tinta y papel; de tijera y boligoma; y de puteadas al que osara (y había muchos ingenuos que entraban con cara de feliz cumpleaños y un  alegron “Peeeerrrmiso” que hacía caso omiso a tu cara de morite morite morite) atravesar mi demarcado hábitat.

Y era tan fuerte, tan palpable sentir que podíamos reventar (te). 

Extraño muchas cosas, el dolor es una de las que mas me abruma perder, y en cierto punto aliviado se que en pos de un progreso este desapareció, pero ahora, desde esta calma de instituciones y adultez me saca una sonrisa.

Como cuando un mes después de no verte por mas de un año llegaste a casa, y sin preámbulos nos reencontramos.

Como extraño (me)...